Marlene Dietrich, la diva que debió renunciar a su patria por enfrentar al nazismo

27/Dic/2017

Infobae

Marlene Dietrich, la diva que debió renunciar a su patria por enfrentar al nazismo

Un día como hoy nació esta genial actriz
alemana. La historia de una vida que, desde el exilio, hizo todo lo posible
para ayudar a los perseguidos políticos del nazismo
Los ojos de Marlene Dietrich siempre están
entreabiertos. Los párpados le caen levemente sobre sus pupilas y la sensación
que transmite es la de la seguridad. No hay sorpresa, ni miedo, ni espanto, ni
euforia. Sólo tranquilidad. Todo está bajo su control. Una mirada potente, que
parece entenderlo todo. Ella es la gran actriz alemana y en frente los
espectadores, sus súbditos. No hay nada que hacer; sólo adorarla eternamente.
A diferencia de otras actrices, Marlene
Dietrich no cambió su nombre, sólo hizo una pequeña modificación, la contracción
de sus dos nombres de pila. Tomó el principio de uno, el final de otro y pasó
de ser Marie Magdalene a Marlene. Ese gesto, esa reducción, que la hizo cuando
tenía sólo once años, también forma parte de sus encantos.
Nació en 1901, un 27 de diciembre, hace
exactamente 116 años. En aquel entonces Alemania era un imperio, el Imperio
Alemán —que se formó en 1871 tras la unificación de seis territorios—, pero
inmediatamente, con la derrota en la Primera Guerra Mundial y la abdicación de
Guillermo II, se volvió una república. Marlene no tenía un año y su patria ya
tenía otro régimen, el de la República de Weimar, la antesala a lo que
finalmente, en 1933, asumió la riendas del país e hizo temblar al mundo entero:
el nazismo de Adolf Hilter.
Hija de una familia acomodada, tuvo buena
educación. Estudió violín, canto y se volvió cinéfila. Debutó en un escenario
como corista en un cabaret y de a poco fue tomando pequeños papeles. Todo iba
bien porque el Berlín de finales de los años veinte tenía una efervescencia
propia de la libertad, y ella tenía toneladas de juventud y osadía. Muchos
bares, muchos cabarets, mucha sexualidad, mucho travestismo, mucha cultura
nocturna. Esa época fue clave para Marlene, donde creó su imagen, su propio
personaje, el de su propia vida, que tenía características novedosas como
androginia y bisexualidad.
A poco tiempo de su debut en la pantalla
grande, conoció a su marido en el rodaje de Tragedia de amor (era ayudante del
director) en 1923 y un año después tuvieron una hija, Maria Elisabeth. A partir
de ahí su carrera artística entró en ascenso, sobre todo cuando en 1930
coprotagonizó El ángel azul, un clásico de la historia del cine que tres años
después el régimen nazi prohibiría. Pero, ¿qué pasó en el medio? ¿Cómo llegó a
ser censurada esta diva de los films?
Marlene Dietrich vio implosionar los valores
de solidaridad de su patria desde Hollywood. Se fue en el treinta, luego del
éxito que fue El ángel azul, a engrosar su carrera en la meca del cine. Cuando
quiso volver, ya era tarde: la persecución a los judíos —muchos amigos suyos—
ya había comenzado. Ella era una gran figura y el nazismo lo sabía. Joseph
Goebbels, el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer
Reich, lanzó una campaña en la prensa contra ella para que volviera a su país.
Los diarios oficialistas la acusaban de haber abandonado su patria. Marlene
quería volver, pero su marido la convenció de que no, que hacerlo era una
locura. Entonces se instaló en París. Allí recibió a artistas refugiados, judíos
que escaparon como pudieron y a exiliados políticos. No podía creer el
antisemitismo. Lo procesó, lo entendió y se propuso hacer algo: ayudar, como
sea. Con dinero, con pasajes o con hospedaje se ofreció como una amiga a todos
los perseguidos por el régimen nazi.
Goebbels se enteró de esto y mandó oficiales a
que la convencieran de volver a Alemania. Le ofrecieron mil cosas, sólo querían
que filmara allí, que fuera un emblema del nazismo. Como Zarah Leander o Marika
Rökk. Pero no, Marlene era diferente. Dijo que no. Los insultó en la cara. Es
fácil imaginarla con el ceño fruncido y el semblante enfurecido al grito de
«¡ustedes no puede hacer esto! Perseguir judíos, expulsar intelectuales,
quemar libros… ¡Ustedes están locos!» A partir de ese encuentro, Goebbels
entendió que no había forma de hacerla volver, entonces la consideró su
enemiga. Le censuraron todas sus películas. Marruecos porque ofendía los
ideales morales; Fatalidad porque trataba a los militares de cobardes; El
cantar de los cantares porque atentaba contra la pureza moral de los alemanes.
Ya en Hollywood, en 1937 solicitó la
ciudadanía estadounidense. Amaba a su país, se sentía más alemana que nadie,
pero no podía volver. Logró hacerlo en 1960, pero se parecía muy poco a esa
tierra que había dejado. Alemania estaba dividida. Cuando estuvo en ambos
lugares del muro, las respuestas fueron muy diferentes. El público de Alemania
Occidental la abucheó acusándola de traidora, y el de Alemania Oriental la
aclama como una heroína. Era parte del juego, no podía agradar a todo el mundo,
especialmente a los que vieron en su firme posición anti nazi un interés pro
norteamericano. Pero a diferencia de lo que muchos creyeron, su lucha era real.
Por eso recibió diversos reconocimientos, como la Medalla Israelí al Valor en
1965.
Tenía 90 años cuando Marlene Dietrich dejó
este mundo. Fue un 6 de mayo de 1992 en la ciudad de París. A partir de ese
momento, la televisión y los cines les dedicaron muchos especiales. Millones de
personas volvieron a verla en escena, como la primera vez, con sus ojos
entreabiertos, la mirada potente llena de seguridad, como si tuviera todo bajo
su control. La gran actriz alemana de un lado, radiante e impactante, y del
otro lado de la pantalla, en frente, los espectadores, sus súbditos. No
lloraron su muerte, simplemente la adoraron eternamente.